22 de mayo de 2022

La doctrina de la seguridad nacional: La lucha contra el enemigo interno y la erradicación de los movimientos sociales

Por: Andrea López


Cuando usted piensa en las figuras emblemáticas del distinguido partido político Centro Democrático, seguramente pensará en personajes como Paloma Valencia, militante activa de la secta democrática antes mencionada y máxima defensora de la “honorabilidad” del ex presidente Álvaro Uribe Vélez; pues bien, esta honorable parlamentaria, de comentarios torpes y escasa inteligencia, lleva en sus genes el radicalismo y las ideas anquilosadas de su abuelo, Guillermo León Valencia, quien fuera presidente de Colombia entre los años 1962 a 1966.

El ex presidente y abuelo de la hoy senadora, es uno de los culpables del recrudecimiento de la guerra en Colombia; en su lucha contra el enemigo interno como parte de la Doctrina de Seguridad Nacional, en 1965, Guillermo León Valencia decretó el estado de sitio como respuesta a una serie de revueltas iniciadas por el movimiento estudiantil de aquél entonces, quienes protestaban por la invasión de Estados Unidos a República Dominicana. 


En virtud del mencionado estado de sitio, el entonces presidente, Guillermo León Valencia, expidió el decreto legislativo Nº 3398 de 1965 “por el cual se organiza la defensa nacional”, que legitimó el actuar de agentes paraestatales, permitiendo la conformación de grupos civiles armados con el fin de enfrentar los problemas de seguridad nacional, cuyo presupuesto principal es combatir al “enemigo interno” como medida de represión a todas las formas de oposición política y social que pudiesen “atentar” contra el orden público y la seguridad nacional, dichos grupos estaban conformados por quienes consideraban que el comunismo propiciaba la creación de guerrillas y la subversión. 
La aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional y la actuación de civiles en la lucha contra el enemigo interno, revestido de legalidad hasta 1989, trae como consecuencia directa la estigmatización de organizaciones sociales, estudiantes, movimientos indígenas y campesinos y en general, todas las formas de oposición, declarados objetivo militar de los nacientes movimientos ciudadanos que de la mano de agentes del Estado luchaban con un objetivo común: La erradicación del enemigo interno. 
Revestidos aún de legalidad y con la necesidad de recibir la adecuada formación militar, llegan al país mercenarios ingleses e israelíes, cuyo objetivo era formar para la guerra a los combatientes; en principio se dice que son financiados por el narcotraficante colombiano Gonzalo Rodríguez Gacha, sin embargo, años más tarde se conoce que dicho operativo es avalado también por las Fuerzas Militares, situación que trae como consecuencia la destitución del General Luis Bohórquez Montoya por tener nexos con el paramilitarismo. 

Desde entonces, hasta hoy, la idea de combatir al enemigo interno continúa vigente en el ideario de cada miembro de la fuerza pública, no es para menos, recibieron el aval de los distintos gobiernos de turno para matar, perseguir y desaparecer a todo aquél que representare un peligro para la seguridad del Estado y eso hacen, siguen las instrucción militar al pie de la letra.

La política de estado para garantizar la seguridad nacional, ha sido la de asesinar civiles inocentes en connivencia con grupos paramilitares, y así ha quedado demostrado en innumerables investigaciones adelantadas con ocasión de la Ley de Justicia y Paz que, dicho sea de paso, nació de los acuerdos de paz suscritos entre el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez y los paramilitares. 

No son hechos aislados los homicidios y constantes amenazas a líderes y liderezas sociales, a excombatientes de las FARC- EP, a estudiantes y defensores de Derechos Humanos, tampoco la persecución judicial a opositores y miembros de organizaciones sociales; todo corresponde a una política de estado en la que tanto los altos mandos del gobierno, como los miembros de las fuerzas militares, han convenido con las organizaciones criminales erradicar a ese enemigo inexistente que, no es más que el reclamo urgente del oprimido que exige paz con justicia social. 

Habrá que preguntarse ¿Quién es el verdadero enemigo de Colombia? Bastará con observar la historia reciente del país para colegir si es el pueblo o si es establecimiento, que, ante el menor reclamo del oprimido, ve amenazado su imperio de narcotráfico, muerte y corrupción.


Son unas máquinas de matar.

** El concepto de “enemigo interno” surge a partir de la segunda guerra mundial, cuando el mundo se divide entre el Comunismo y el Capitalismo; nace entonces la necesidad de luchar contra un “enemigo común”, el Comunismo, visto como una amenaza para la seguridad de los Estados.


“La Doctrina de la Seguridad Nacional fue una ideología desde la cual Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, consolidó su dominación sobre los países de América Latina, enfrentó la Guerra Fría, fijó tareas específicas a las fuerzas armadas y estimuló un pensamiento político de derecha en los países de la región. Como ideología, reconoció sus orígenes en una visión bipolar del mundo desde la que, supuestamente, Occidente, liderado por los Estados Unidos, representaba el bien, la civilización, la democracia y el progreso; mientras que la entonces Unión Soviética estaba al frente del mal, el atraso y la dictadura”. Historia de la Doctrina de la Seguridad Nacional, Édgar de Jesús Velásquez Rivera.**